Las Torres Vigía de Cádiz

15 julio, 2009 en 12:36 pm | Publicado en Visitas | 4 comentarios

Cádiz, bella ciudad que atesora muchos siglos de historia, siempre ligada al mar. Bañada por el Atlántico que llega a sus costas con aguas templadas, azotada por los vientos predominantes, tanto por el Levante como por el Poniente, de ahí que los gaditanos digan que Cádiz tiene dos mares, “la mare que parió al Poniente y la mare que parió al Levante”.

Pasear por sus calles hará que descubramos su pasado marinero, placas en edificios que nos recuerdan que en su día fueron sede de algún organismos o instituciónes de la Armada, como por ejemplo el Real Observatorio de la Marina, hoy ubicado en San Fernando, o la Real Compañía de Guardias Marinas, trasladada primero a San Fernando y posteriormente a Marín con la denominación de Escuela Naval Militar, y otras que nos indican el nacimiento o fallecimiento de ilustres marinos como D. Federico Gravina y Nápoli, capitán general de la Real Armada, fallecido por las heridas sufridas en la batalla de Trafalgar.

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Si paseamos por sus calles y miramos a lo alto de algunos edificios que pertenecieron a familias de rancio abolengo, observaremos unas construcciones muy curiosas, son las torres vigía también llamadas torres miradores. Son de cuatro tipos: De Terraza, Garita, Sillón y Garita y Sillón.

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Las torres miradores hicieron mundialmente famosa a Cádiz. Eran lo primero que divisaban los viajeros que llegaban por mar, y observaban la silueta pintoresca y diferenciadora que le conferían a la ciudad. Las torres miradores de Cádiz son uno de los elementos más característicos de la arquitectura gaditana. Sin precedentes en la arquitectura de la baja Andalucía, se le atribuyen influjos norteafricanos. Generalizado su uso entre los siglos XVII y XVIII, en la maqueta de Cádiz de 1777, situada en el Museo de las Cortes (C/ Santa Inés) se pueden contar 160 torres miradores, de las que actualmente quedan aproximadamente 126.

En el siglo XVIII, no había comerciante gaditano que se preciara que al construir su casa no sumara en ella el añadido de una torre mirador. Las torres de Cádiz fueron el resultado del prestigio y auge que esta ciudad tomó con motivo de su comercio con las Indias occidentales.

Estas torres miradores solían tener planta cuadrada, de uno o dos pisos, con artesonado de madera en el interior. La excepción a esta regla la podemos encontrar en una torre situada en la calle José del Toro, que es la única con planta octogonal. Comúnmente se la conoce por “La Bella Escondida” porque no se puede ver desde la calle.

Fueron construidas en su mayoría en el siglo XVII y XVIII, momento en que la ciudad era el puerto oficial de entrada de toda la mercancía procedente de América. La población gaditana de aquel entonces se componía principalmente de comerciantes, de ahí la generalización de las torres miradores. Cada comerciante quería ver cuándo llegaba su barco.

Todo comerciante de la época que se preciara tenía en la parte superior de su vivienda una de estas torres, desde donde se controlaban la salida y entrada de barcos. Cada torre tenía su bandera para que los barcos la identificaran desde alta mar.

Las torres miradores de Cádiz son elementos característicos de su arquitectura dieciochesca y de su vinculación con la vida y el negocio del mar. Como muestra de ello, la mayoría están situadas a poniente, en aquellas casas que están delante de la canal de entrada al puerto dónde, por proximidad a éste, se establecía la clase noble de la ciudad.

Cádiz se transformó en el siglo VXIII en una de las ciudades más bellas de Europa, bien trazada, adoquinada, limpia, con casas más altas de lo común rematadas por una torre que servía de vigía. Era una ciudad de vida cara, un gran centro para el comercio, cosmopolita y con muchos extranjeros (genoveses, ingleses, franceses, holandeses…)

En 1717, Felipe V había dispuesto que se trasladasen a Cádiz la Casa de Contratación y el Consulado de Indias, por lo que la ciudad obtuvo el monopolio del comercio, dotando al puerto de Cádiz de una completa infraestructura y beneficiando enormemente al enriquecimiento de la ciudad. Aquel monopolio terminó en 1765, aunque este hecho no afectaría ni perjudicaría a Cádiz debido en parte a la extraordinaria situación geográfica de la ciudad y en parte también, a que los comerciantes gaditanos, inteligentes y capaces supieron desarrollar una actividad en consonancia con los intereses en juego.

En 1792, las ordenanzas municipales prohíben la construcción de torres miradores por inutilidad y peligro de derrumbamientos.

Torre Tavira

Torre Tavira

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Fuentes: web de la Torre Tavira y Guía de Cádiz.

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